Los aceites de turbinas tienen como función lubricar los cojinetes, el reductor y el generador, así como regular la temperatura de todos los componentes. Un buen aceite lubricante debe contar con ciertas características tales como una viscosidad adecuada, resistencia a la oxidación, prevención de la corrosión y capacidad para expulsar rápidamente tanto el aire como el agua. El lubricante de turbinas debe mantenerse siempre limpio, frío y seco, tres variables que deben ser monitorizadas para evitar fallos que pueden desembocar en una parada no planificada.
Las turbinas de gas aeroderivadas son máquinas muy compactas con holguras especialmente pequeñas, de una micra de distancia. Si el aceite está sucio, es probable que las partículas terminen por arañar las superficies en contacto, por ello los códigos de limpieza son muy bajos y deben estar monitorizados, ya que la operación diaria afecta mucho a la generación de partículas. Todos los procedimientos de filtración han de estar muy bien definidos, incluyendo la revisión y cambio de filtros cuando sea necesario y el control del estado del lubricante. Es importante resaltar, también, que el aceite nuevo debe ser filtrado antes de ser añadido por primera vez a la turbina para asegurarnos de que está lo suficientemente limpio antes de su aplicación.
Una de las funciones del lubricante es refrigerar los componentes. Por ello, es necesario monitorizar la temperatura del aceite durante la operación. Además, si está más caliente de lo habitual, el aceite acelera su degradación: un aumento de la temperatura del aceite de 10 grados puede reducir su vida útil hasta un 20%. Por último, la presencia de agua supone un gran problema, puesto que genera herrumbre y corrosión de la máquina, por tanto, es esencial mantener el aceite seco. En muchas ocasiones, estas máquinas están situadas a la intemperie, por ello resulta indispensable proteger los sistemas de lubricación frente a agentes externos y revisar los sistemas de ventilación para que no pueda entrar agua o polvo.