Para saber el efecto causante de la degradación habría que analizar cada aplicación por separado, pero sí es aconsejable desarrollar una serie de buenas prácticas que formen parte de un proceso proactivo enfocado a retardar el efecto de la degradación. Esas buenas prácticas se centran en mantener el aceite lo más limpio posible, incluyendo filtros o reduciendo la malla de filtrado, incrementando la tasa Beta (eficiencia del filtro) si fuera necesaria o sustituyendo un eliminador de aire, pero también para comprobar que existe presencia de agua.
Un buen ejemplo es el sector eólico, en el que la degradación de la maquinaria se produce de forma lenta, debido a que la temperatura no pasa de 65 °C. Sin embargo, la entrada de aire influye en la degradación del lubricante acelerando el proceso de degradación. Una multiplicadora o una prensa ofrecen características particulares propias. Aunque en algunos sistemas no es posible, una de las maneras más fiables de “alargar” la vida útil del aceite es refrigerándola lo máximo posible.
Si bien la degradación del lubricante es un factor de riesgo para él mismo y para el equipo, pocas veces viene de forma aislada y en la mayoría de los casos es el resultado de una serie de factores negativos que derivan finalmente en un ataque agresivo sobre el lubricante.
Según el tipo de industria, existen lubricantes que están sujetos a contaminarse con otros por razones de proceso o por una simple confusión. Si bien es posible observar las mezclas de lubricantes, el efecto de dicha contaminación puede derivar en situaciones de precaución para el mantenedor, ya que, al encontrar valores anómalos en sus informes, se necesitará tomar la decisión de seguir trabajando o de reemplazar el lubricante, lo que en muchas situaciones implica un alto costo.
Por otra parte, con una monitorización adecuada es posible determinar la compatibilidad de fluidos que se utilizan durante un proceso, ya que hay aceites sintéticos que pueden ser incompatibles o puede estar presente un aceite remanente que reaccione molecularmente. De ello se puede derivar una obturación de filtros, una pérdida de aditivos y otras incidencias que obliguen a detener la máquina.