La degradación de los lubricantes sintéticos y minerales afecta a la operatividad de todo tipo de maquinaria industrial, si no se toman las medidas adecuadas para evitar que este deterioro dañe componentes críticos o la máquina en su conjunto. Puede implicar elevados costes por paradas no planificadas e incluso acarrear consecuencias catastróficas.
Cuando se logra reducir el riesgo operacional, por medio de acciones proactivas que garanticen la disponibilidad y mantenibilidad de las máquinas, se incide de forma directa en la productividad del negocio. En este sentido, al realizar una valoración de los diferentes riesgos operacionales en cada uno de los procesos y subprocesos de la operación, cabe destacar la influencia de la vida útil de máquinas rotativas en la mayoría de ellos. A raíz de esto y conociendo la influencia de la lubricación en el correcto funcionamiento de este tipo de maquinaria crítica, lleva a preguntarse qué factores influyen en la degradación de lubricantes.
El proceso habitual de degradación de un lubricante se origina a partir de fenómenos asociados con el entorno y el trabajo que realiza el fluido. Algunas de las causas más representativas son:
- La oxidación, fenómeno más habitual debido a la presencia de oxígeno en el aire
- La nitración.
- La sulfatación, dependiendo del elemento químico que lo genere.
La degradación no se produce de forma repentina, sino de manera gradual debido a una progresiva aparición de ácidos carboxílicos producto de la degradación. Dicho de otra forma, aumenta la acidez del lubricante.
En función del equipo, ciertos factores afectan a la degradación y prevalecen sobre otros. Por ejemplo, en una turbina de gas la degradación se produce sobre todo por factores como la temperatura. En cambio, en un motor marino, el factor ácido tendrá mayor peso ya que muchos componentes de este tipo atacarán a la maquinaria y el aceite tendrá entonces la misión de evitarlo.
El tipo de base lubricante también tiene influencia sobre el fenómeno de degradación. Las bases consideradas minerales presentan una degradación progresiva en el tiempo, mientras que en las sintéticas se observa un comportamiento muy estable.